Archivo por meses: noviembre 2005

Entre la audacia y la sal pisoteada

Estar en camino es delicado, porque puedes pensar que nunca estás en ningún lado en lugar de contentarte por todo lo que vas recorriendo y por todo lo que queda por conocer. Mi concepción del hecho de ser cristiano, me está llevando a cierto desánimo; es cierto, las últimas semanas me he preguntado más de la cuenta si los esfuerzos valen la pena.

Pero si la sal se adultera, ¿para qué va a servir si no es para tirarla y que la pisen los hombres? (Bueno, esto es cita de una canción de Brotes basada en una cita del evangelio), pero se la escuché en un buen momento, ¡y pensar que casi no voy a verlos el sábado!

Perdón por el párrafo porque es bastante críptico, pero el resumen es que no quiero que mi sal pierda su valor. El domingo escuché otras palabras animando a ser audaces.

Voy a intentar ir en la dirección de recuperar cierta audacia (aunque a los veinte años no se puede volver :) )

Creo que Jesús fue un hombre

Nunca pensé en poner un artículo para decir “creo que Jesús fue un hombre, completamente humano”, pero este domingo tuve que escuchar a un sacerdote decir que Jesús no era humano… ¡ala! toma teología…

Pues sí, un humano, completo, tan completo que inaugura una nueva humanidad…

Hablar sobre la eucaristía

En general a los católicos nos cuesta mucho poner en duda nuestra práctica religiosa. Una reflexión siempre comienza con una pregunta, y a pesar de que Pablo pedía que diéramos razón de aquello en lo que creemos (y por extensión de lo que hacemos) muchas veces nos cuesta dar ese paso de preguntarnos.

Quizás es que asimilamos, sin razón, preguntas y reflexión con crítica, o quizás es que nos asusta hacernos una pregunta para descubrir que no tenemos respuesta. Tengo como ejemplo el tema que motiva este artículo.

Hablar de la Eucaristía (misa) es un tema tabú y muy delicado cuando nos salimos de recitar la explicación estándar. Hablando en un curso, por ejemplo, puedo construir una parrafada que incluya varias palabras: misterio, redención, sacrificio, … como máximo puedo conseguir caras de aburrimiento. Por el contrario, puedo conseguir despertar una gran “defensividad” si en mi parrafada digo que envolvemos la palabra de Dios, la acción de gracias y la fracción del pan, de gestos, oraciones y explicaciones que han perdido el sentido para la mayor parte de los creyentes y para la totalidad de los no creyentes.

Esta es una de mis preocupaciones y reflexiones personales que he mantenido los últimos meses. Existe una barrera infranqueable en unas formas que han perdido su sentido y que a muchos no permiten participar del sacramento. Si de verdad nos creemos la importancia de la eucaristía, ¿por qué no nos fijamos en lo poco accesible qué es?, no debemos convertir en centro su lenguaje y formas, su rito, porque no es lo más importante.

¿Es delicado decir que hay que hacer cosas con sentido? de eso se trata con los signos, de que tengan sentido, también en el campo de la fe. Se puede adaptar muy poco el sentir interno a las formas externas, por mucha formación que se de.

En una serie de televisión en que uno de los protagonistas acudía a confesarse y le indicaban que la penitencia eran dos padresnuestros, el perdonado preguntaba si convalidaba el antiguo, porque era el único que se sabía. Y es curioso, porque me recordó que efectivamente hace unos quince años, en España cambió el texto del Padre Nuestro. Si en la Iglesia pudimos cambiar el texto del Padre Nuestro (¿se os ocurre algo más esencial?) ¡cómo no vamos a poder cambiar las formas de lo que celebramos!. Y solo hablo de formas, no me estoy refiriendo a significados.

Profesión de fe

Es normal que una religión tenga una profesión de fe. Los católicos utilizamos dos, el credo apostólico (llamado así por ser el más antiguo y venir de la tradición apostólica) y el surgido de los concilios del siglo cuarto el niceo-constantinopolitano (¡toma ya!) creo que ambos (y en uso fundamentalmente el primero) son comunes a casi todas las iglesias cristianas.

Es normal que contenga expresiones como “Creo en Dios Padre”, “Creo en Jesucristo”, etc. pero ¿por qué tenemos que nombrar a Poncio Pilato? ¿no es raro que resumiendo nuestra fe en diez o quince frases dediquemos una a Poncio Pilato?

Bromas aparte, lo cierto es que el lenguaje del credo ha perdido su significado original, pensemos en el de niceo-cons… que para definir a Dios recurre a conjuntos de adjetivos y verbos propios de la filosofía de hace muchos siglos. La razón de ser enrevesados la veo clara, se van añadiendo conceptos a medida que surgen herejías, pero esas herejías ya no las recuerda nadie.

Yo solía realizar un ejercicio en todos los grupos de confirmación que llevé consistente en escribir el propio “Credo”. Pongo los últimos que realicé, más o menos en el 2001 o 2002, los participantes debían tener unos 15 o 16 años.

La más aplicada del grupo:
Creo en mi familia, que siempre me apoyará y comprenderá. Creo en los amigos, en los que me lo demuestran, creo en Dios, porque a veces me enseña cosas. También creo en que después de la muerte hay algo más, creo en que el mundo se puede cambiar, creo que puedes llegar a alcanzar la felicidad. Creo en el amor, creo en que la gente puede llegar a la paz.

La más tranquila:
Creo en que es posible un mundo mejor. Creo que todas las personas pueden cambiar.
Creo que todo el mundo necesita creer en algo. Creo y quiero creer en dios y en Jesús.
Creo en la paz, la buena voluntad y en la libertad.
Creo en que las cosas ocurren por algún motivo. Creo en la felicidad y en el amor verdadero.
No creo en espíritus, ni en la política, no creo en las personas que no les gusta estar con otras personas.
Creo que la amistad es lo más necesario. Me gustaría creer más.

El futbolero:
Yo creo en la familia.
Creo en la amistad.
Creo en el amor.
Creo en la vida después de la muerte.
Creo en Dios.
Creo en Pablo Aimar.
Creo en la felicidad.

El más peculiar:
Creo en la amistad. Creo en los amigos.
Creo en mis padres. Creo en mi hermano.
Creo en mi ordenador. Creo en mi perra jimba.
Creo en mi abuela. Creo en lo qe sea palpable
Creo en Fallcon Crest. Creo en los carteles de Flavia Desaparición.
Creo en la amistad entre Jesús y yo.

El mío:
Creo en Dios, como Padre que me conoce y me quiere.
Creo en Jesús, como Dios que se hace hombre, para vivir y morir como nosotros, para enseñarnos las cosas que valen la pena.
Creo que para seguir a Jesús hay que hacerlo en comunidad.
Creo en la presencia del Espíritu Santo en nuestras vidas.
Creo que es posible el amor entre las personas.

(claramente mi mente ya no es tan libre y está más moldeada por los esquemas de los credos “oficiales” buscaré el que hice yo a los 15 años, creo que sé dónde está)

La unión de los cristianos

Estoy haciendo limpieza en mi despachito de casa, y he encontrado unas hojas arrancadas de una revista que guardaba para el día que le encontrara utilidad. Es un artículo que se llama “Cristianos: El árbol del Nazareno

He de reconocer que una de las ideas que más me llaman la atención es el “mito” de la unidad de los cristianos. Se me ha ocurrido emplear la palabra mito, de forma simpática, con humor… Me resulta curioso porque todos los cristianos creo que reconocemos el concepto de la unidad como una de las “ideas fuerza” de nuestro credo, como algo que explica la esencia de lo que buscamos… pero como algo difícilmente alcanzable.

Encontramos las palabras de Jesús “que todos [los creyentes] sean uno, como tú Padre, estás en mi y yo en ti” (Jn 17, 21), las palabras de Pablo en sus cartas “todos […] nos hemos bautizado en un solo Espíritu para formar un solo cuerpo” (1 Co 12, 13), y el libro de los inicios de la comunidad “la multitud de los creyentes tenía un alma y un corazón” (Hch 4, 32)

La Palabra de Dios, el Evangelio, habla de la necesidad de la unidad, la construcción del Reino de Dios habla de la necesidad de la unidad, entonces ¿qué pasa?

Por un lado una lectura atenta de la Biblia (Hechos de los Apóstoles y algunas cartas de Pablo) nos muestra las divisiones de la comunidad cristiana desde los mismos orígenes. También la historia de la Iglesia está llena de estas divisiones. No hay que remontarse al pasado, quién ha intentado desarrollar cualquier proyecto en una parroquia durante algunos años es fácil que conozca la irresistible fuerza interna que experimentamos los cristianos para romper la unidad.

Por otro lado, y por suerte, hoy en día creo que ya sabemos valorar algo que no es la desunión, sino la diversidad. Quizá erremos en el significado de la palabra “unidad”. ¿Qué es la unidad?

Es cierto que hay gran variedad de “iglesias” cristianas, aún compartiendo credo, sacramentos… pero cómo no va a haberlas si yo a veces me siento de otro planeta rodeado de otros católicos romanos como yo… El camino de crecer y buscar cómo ser cristiano creo que lleva esta parte de diferenciación incluida, por lo que veo que lo importante sería descubrir el significado de la unidad que intentamos re-construir.

Por cierto, quiero destacar la reflexión y el trabajo de Todos Uno en torno a la unidad.

Pongo un pequeño resumen del artículo.

Datos:

  • Más de 330 confesiones cristianas (en tres grandes ramas) participan en el diálogo ecuménico para restaurar la unidad
  • Cerca de 2.000 millones de cristianos, casi un tercio de la humanidad. (Estadísticas del año 2000, que me parecen algo abultadas)

Los grandes grupos cristianos:

  • Católicos: existen distintos ritos, pero el más común es el Latino
  • Iglesias Orientales: existen un gran número, la principal el grupo de las Ortodoxas
  • Iglesias Protestantes: Luteranos, Calvinistas (o Presbiterianos o Baptistas), Anglicanos, Metodistas (surgidas de la Iglesia anglicana, una de las primeras iglesias “evangélicas”), Pentecostales (iglesias evangélicas surgidas a raíz del movimiento metodista), Baptistas