Ser como niños

Uno de los temas por los que siento más curiosidad es el del bautismo infantil. La tradición católica de la Iglesia nos ha llevado a bautizar niños como la práctica habitual hoy en día, no ocurre así en las comunidades protestantes y evangélicas (según creo).

Sinceramente, me cuesta pensar en una criatura recién nacida condenada a algún tipo de fuego eterno porque muera sin bautizar, y ahora que definitivamente se ha eliminado la idea del limbo no sé cómo puede sustentarse esa razón para bautizar niños. (”Limbo”… graciosa palabra… no me acuerdo ¿era algún tipo de baile caribeño?)

Además, pertenezco a algún tipo de minoría cristiana que piensa que las personas nacemos bondadosa, buenas, buenísimas…

Vamos… que bautizamos niños como costumbre, que nos encanta quitar el sentido a los actos religiosos. ¿Pero no es el bautismo un morir a la vida anterior para nacer a la vida nueva? (Rm 6, 4) ¿Dónde dejamos el acto de libertad y elección necesarios para ser humanos?

“Dejad que los niños se acercen a mi” ni tiene ni deja de tener relación con el bautismo, habla de otra cosa,
ya comenté algo al respecto, de esta cita, y hay otra que me gusta más “si no os hacéis como niños, no entraréis en el reino de los cielos” (Mt 18, 3)

Hay algo en el “ser como niños” que parece clave para la construcción del Reino de Dios, ¿tendrá que ver con el ser pequeño? ¿con la capacidad de confiar? (el que ha tenido hijos sabe lo que es que tu hijo confíe en ti) ¿será la capacidad de sorprenderse? ¿será esa imaginación desbordante, esa capacidad de relacionar ideas disparatadas? Creo que todo esto tiene mucho que ver en la construcción del reino.

Ser como niños

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