En general a los católicos nos cuesta mucho poner en duda nuestra práctica religiosa. Una reflexión siempre comienza con una pregunta, y a pesar de que Pablo pedí­a que diéramos razón de aquello en lo que creemos (y por extensión de lo que hacemos) muchas veces nos cuesta dar ese paso de preguntarnos.

Quizás es que asimilamos, sin razón, preguntas y reflexión con crí­tica, o quizás es que nos asusta hacernos una pregunta para descubrir que no tenemos respuesta. Tengo como ejemplo el tema que motiva este artí­culo.

Hablar de la Eucaristí­a (misa) es un tema tabú y muy delicado cuando nos salimos de recitar la explicación estándar. Hablando en un curso, por ejemplo, puedo construir una parrafada que incluya varias palabras: misterio, redención, sacrificio, … como máximo puedo conseguir caras de aburrimiento. Por el contrario, puedo conseguir despertar una gran «defensividad» si en mi parrafada digo que envolvemos la palabra de Dios, la acción de gracias y la fracción del pan, de gestos, oraciones y explicaciones que han perdido el sentido para la mayor parte de los creyentes y para la totalidad de los no creyentes.

Esta es una de mis preocupaciones y reflexiones personales que he mantenido los últimos meses. Existe una barrera infranqueable en unas formas que han perdido su sentido y que a muchos no permiten participar del sacramento. Si de verdad nos creemos la importancia de la eucaristí­a, ¿por qué no nos fijamos en lo poco accesible qué es?, no debemos convertir en centro su lenguaje y formas, su rito, porque no es lo más importante.

¿Es delicado decir que hay que hacer cosas con sentido? de eso se trata con los signos, de que tengan sentido, también en el campo de la fe. Se puede adaptar muy poco el sentir interno a las formas externas, por mucha formación que se de.

En una serie de televisión en que uno de los protagonistas acudí­a a confesarse y le indicaban que la penitencia eran dos padresnuestros, el perdonado preguntaba si convalidaba el antiguo, porque era el único que se sabí­a. Y es curioso, porque me recordó que efectivamente hace unos quince años, en España cambió el texto del Padre Nuestro. Si en la Iglesia pudimos cambiar el texto del Padre Nuestro (¿se os ocurre algo más esencial?) ¡cómo no vamos a poder cambiar las formas de lo que celebramos!. Y solo hablo de formas, no me estoy refiriendo a significados.

3 comentarios en «Hablar sobre la eucaristí­a»

  • Bendiciones, Miguel. Aunque no soy católico, debo tener algunos genes, por herencia. Según veo las cosas, a ustedes les cuesta mucho más hacerse preguntas, aunque las mismas tengan la mejor intención del mundo, pero a nosotros también. Cuando converso con católicos siento que prefieren dejar las cosas como están, es mejor hasta quedarse sin entender y ponerse en modo automático (religioso), el razonamiento es el siguiente: Si hace 2,000 años que están ahí­ y nadie las ha puesto en duda (media verdad), deben ser correctas. ¡El problema soy yo, por estar dudando ahora estoy más confundido y soy más pecador! Pobre de mí­.

  • Estoy de acuerdo en actualizar los sí­mbolos religiosos, o cambiarlos por otros, si hace falta, con el fin de que sean más comprensibles, etc.

    Ahora bien, haciendo un poco de abogado del diablo! Los sí­mbolos religiosos son sí­mbolos: tienen su parte externa, visible (significante) y su parte interna, figurada, la idea que hay detrás! (significado).

    El problema es que algunos sí­mbolos religiosos se han quedado desactualizados, en el sentido de que la parte visible NO consigue hacer entender a mucha gente lo que realmente significa el sí­mbolo.

    Ahora bien: ¿por qué decir «dado que no se entiende, esto ya no sirve»? Podrí­a decirse: «dado que no se entiende, vamos a explicarlo».

    O sea, en parte, se ha perdido el siginificado de lo que hacemos porque no se ha sabido explicar o transmitir.

    Yendo al caso extremo, si nosotros ahora cambiamos los sí­mbolos de la Misa por otros más actualizados, modernos, etc., y que nosotros podamos entender fácilmente (porque la relación entre significante y significado sea más evidente y menos artificial, rebuscada o complicada)! esa puede no ser la solución, si olvidamos explicar a nuestros hijos convenientemente el significado de esos nuevos sí­mbolos. Pasadas unas generaciones, volveremos a estar igual que antes: gente que «hace cosas» en un templo sin saber por qué, y deseando cambiar esos sí­mbolos incomprensibles por otros más acordes a los tiempos.

    [Tampoco es que pase nada; creo que la mayorí­a de sí­mbolos NO pueden ser eternos. O sea, que tarde o temprano las prácticas, los ritos, los sí­mbolos, deben ir cambiando, es verdad.]

    Fijémonos en otras religiones, por ejemplo, el Islam. No creo que hayan actualizado mucho sus ritos, sí­mbolos, etc. (¿estoy equivocado?). En todo caso, los musulmanes que rezan 5 veces al dí­a, saben por qué lo hacen, y por qué lo hacen mirando a la Meca; los que practican el Ramadán, saben qué significa para ellos; cuando peregrinan una vez en la vida a la Meca, saben lo que están haciendo. Me da a mí­ esa impresión, no sé. O sea, que también el problema a veces es que hacemos las cosas por hacerlas, hasta que al final no tenemos ni la más remota idea de qué es lo que estamos haciendo. Creo que eso es lo que pasa «”de manera especial»” en la práctica del Catolicismo.

    O sea, sí­, por supuesto, cambiar cosas que resulten ya irrecuperables, incomprensibles, anticuadas, obsoletas! para hacer más cercano, fácil de entender y fácil de vivir el mensaje del Evangelio, en definitiva. De acuerdo. Pero NO servirá de nada si no se invierte la cultura del «soy católico pero no practicante», del «voy a Misa por si acaso», «no voy a Misa porque me cae mal el cura» o «yo sólo voy a Misa el dí­a la festividad de la Virgen de los Desamparados, porque me emociono mucho»! Profundizar un poco más quizás no estarí­a mal; es más, creo que es necesario. Y ser conscientes de la necesidad de explicar los sí­mbolos. Los sí­mbolos son una convención (no es algo «natural» sino «creado», «pactado») y, por tanto, es necesario explicarlos y aprenderlos.

    Al menos, así­ lo veo yo.

  • Miguel A.: ¿Qué opinión tienes de los sacramentos de la Eucaristí­a y Confirmación celebrados en los Colegios?. ¿El lugar de celebración es obligatorio en las parroquias? ¿Puede elegirse por el interesado al igual que elige recibirlo? ¿Ves correcto que la jerarquí­a eclesiástica imponga el lugar donde debe recibirlo un alumno?. Gracias.
    Pak

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