Archivo por meses: junio 2005

En busca de un tesoro

Todos los que hemos recibido una mínima formación cristiana conocemos las parábolas del tesoro escondido o la perla preciosa.

Para los que no hayan recibido ninguna formación: en los evangelios, la parábola es un breve cuento que busca explicar algún concepto creando una situación con similudes a lo que se quiere describir (en el caso de Jesús, generalmente es el Reino de Dios) Copio el texto de Mateo, capítulo 13 versículo 44: Sucede con el Reino de Dios lo que con un tesoro escondido en un campo: el que lo encuentra lo deja oculto y, lleno de alegría, va, vende todo lo que tiene y compra aquel campo.

Esto me vino a la cabeza cuando en mi grupo Iuvenes, la comunidad de la que formo parte, celebramos una Eucaristía fin de curso, una celebración más o menos normal, más o menos sincera (creo que todo lo que puede llegar a serlo siguiendo el ritual), con participación de la gente, y con un sacerdote cercano. Acudieron mis hermanos (bueno, todos los allí presentes eran mis hermanos, pero me refiero a los otros hijos de mis padres :) ) y uno de ellos acompañado por su novia Marta (nombre figurado). Marta, que resulta que va todos los domingos a misa, estaba realmente emocionada por la Eucaristía que habíamos celebrado, tanto que a los demás casi nos parecía que bromeaba.

Sigue habiendo mucha gente cristiana y no cristiana, buscando un tesoro de este tipo, o al menos sensible a encontrarlo. Tengo continuamente demostraciones de este hecho, pero me resulta tan extraño que cada vez lo olvido… y vuelve a sorprenderme.

Yo sé que disfruto de ese tesoro, también que quiero entregarlo a quien me lo pida (hay para todos, no se agota nunca). No sé si la iglesia en su conjunto se muestra como portadora de ese tesoro, me parece que no. ¿Cómo podemos los cristianos mostrar ese tesoro del que disfrutamos? Primero, parece una tontería, pero disfrutándolo de verdad, con ir a misa a una parroquia no se crea ninguna “comunidad”, por lo tanto se sigue sin encontrar el tesoro. Después, vivir esa alegría, no olvidar donde se encuentra e intentar compartirla a tope.

¿Sabemos en mi grupo el tesoro que tenemos? Muchos sí, aunque también hay jóvenes que forman parte del grupo y no lo conocen, puede que incluso se marchen sin encontrarlo. Pensaré en qué estoy fallando.

¿Qué piensas si digo que soy cristiano?

Me llamó la atención de una charla a la que acudí lo siguiente: lo que los cristianos decimos o explicamos sobre Jesús, el evangelio, o cualquier testimonio de nuestra fe (por ejemplo, este blog) es percibido por el que escucha de acuerdo a las ideas que ya tenía preconcebidas (y eso en el caso de que escuche.)

Esto significa lo siguiente. ¿qué puede entender alguien de mi entorno cuando digo “soy cristiano” (o “soy católico” que es mi caso)?
- Que tengo unas serie normas morales que marca la Iglesia. Es decir, soy cristiano porque tengo una religión que me da una serie de normas que cumplo o quiero cumplir.
- Que practico una serie de costumbres sociales familiares. Es decir, soy cristiano porque tengo una religión con unas prácticas como ir a misa los domingos, celebrar en iglesia bodas, bautizos y comuniones.
- Que creo en una serie de ideas sobre la vida y la muerte. Es decir, soy cristiano porque tengo una religión que da una serie de respuestas ante los hechos más importantes del ser humano.

Pero tengo que aclarar, que lo anterior, sin ser falso del todo, no tiene nada que ver con mi concepción de ser cristiano. Para mi, ser cristiano, es parte de mi vida, de mi forma de ser, es parte de mi decisión radical de cada día (y no significa que siempre sea consecuente con esa concepción, pero sí que quiero serlo.) ¿Qué tienen que ver esas tres ideas con Jesús? Muy poco, una unión muy débil, cualquiera de ellas no vale nada por si misma.

Yo quiero seguir a Jesús, conocerle (para eso tengo los evangelios), estar más cercano a Dios (para eso tengo la oración), y sé que solo podré hacerlo en comunidad, en Iglesia.

Me preocupa mucho cuando la Iglesia “oficial” en lugar de fomentar su imagen de seguidora de Jesús y constructora del Reino (imagen que existe, os lo aseguro), fomenta la que más le gusta hoy en día, la de guardiana de las normas morales y costumbres sociales.

Un grave error para la evangelización. Desde los orígenes del cristianismo, los que se incorporaban a la Iglesia, lo hacían por un descubrimiento y conversión interior, y posteriormente venía el acoger una serie de normas o ideas. Hoy queremos explicar qué es ser cristiano por el final, y con una versión del final muy cuestionable.

Desgraciadamente nos aferramos a nuestras cuestionables conclusiones sin atrevernos a mirar a un Jesús que seguro nos haría tambalear y que sacudiría nuestras seguridades. Debemos, todos, en la Iglesia, seguir mirando a Jesús, que sea esa nuestra única convicción, y después mostrarnos abiertos a todos los que quieran participar de nuestro tesoro.

Fe, esperanza y amor

Mientras estuve en la universidad, estaba muy comprometido, dedicando mucho tiempo y esfuerzo a actividades… con el comienzo del trabajo, y la llegada de mis hijos, ha cambiado en parte esa dedicación que comento. Ahora los esfuerzos son familiares (¡y muchos!), no me he rendido aún en nada, y sigo manteniendo mi grado de idealismo al 100%, pero aún así, me he visto obligado a revisar mi compromiso y repensar seriamente cómo debo materializar mi fe y concretar mi deseo de ser cristiano.

He comentado en otra ocasión que me tengo por una persona de fe. Creo en un Dios Padre, que me conoce y me quiere personalmente; que está presente en mi vida. Esta fe, va unida a una esperanza en que todo puede ser mejor, en que el Reino de Dios es posible, y yo además, acepto mi parte de responsabilidad ante estas “posibilidades”.

Pero esta esperanza ante los cambios “a mejor”, la he vivido en muchas ocasiones con “tensión”. Si hay algo que ha caracterizado los últimos años de mi vida es la tensión entre mis deseos, lo que quiero hacer, y la realidad de lo que puedo hacer; por tiempo, posibilidad de dedicación o capacidad. Y eso que sé que no me corresponde a mi conocer el momento en que se hará realidad mi sueño. (Hch 1,7)

Tengo facilidad para hacer planes y convencerme de que las cosas son factibles. Aunque después de tener el plan “factible”, ante la imposibilidad de dedicarle tiempo, viene el chafón. Es cierto que con cada esfuerzo las capacidades se estirán, pero por el momento solo puedo seguir presumiendo de mis debilidades (2 Cor 12, 9)

Creo que los últimos meses, la esperanza tranquila ha ganado a esta tensión inquieta, lo cual me permite obsevar los acontencimientos de forma más serena. Recuerdo en parte con sorpresa, en parte con pena, mi ocasional actitud intransigente cuando me desesperaba ante compañeros míos que en mi opinión no se entregaban lo suficiente… por suerte para todos, esos días parece que ya han pasado.

Quiero que esa tranquilidad, me permita prestar más atención. No quiero olvidar que me debo a todos. Una de las frases que más me ha impactado ultimamente: “Si no soy capaz de amaros como amo a mi mujer y mis hijos, entonces no estoy respondiendo a lo que Dios me pide” Y ahí encuentro la clave, el amor, cómo ser vehículo de un amor que haga reales mi fe y mi esperanza.

En mi vida me encuentro construyendo una realidad junto a otros creyentes, buscando en comunidad, en Iglesia. Una construcción desde la fe, que va lenta pero que no debe dejar la esperanza, ya que es multiplicadora de amor.

Si alguien se anima a descargarla, dejo otra canción de Brotes de Olivo, ¡Envíame!.

Creer o desconfiar

Por mi trabajo, suelo tomar aviones a menudo. Me parece curioso que muchos de ellos no usen el número 13 en sus filas (por ejemplo, todos los de Air Nostrum.) Aporto dos fotos que se corresponde a filas consecutivas:

No hay fila 13

Me causa bastante risa pensar que a pesar de la industria aeronáutica con los millones de horas de trabajo de ingenieros durante años, todos los que volvíamos a Valencia esa noche, lo hacíamos más tranquilos porque nuestro avión no tenía fila número 13. ¿Por quién no se pone fila 13? ¿por todos los pasajeros o solo por los que les tocaría sentarse en ella…? No se pone “por si acaso…”

Me sorprende lo llena de superstición que está nuestra sociedad, se podría pensar que son cosas anecdóticas (deportistas, toreros…), pero la ridícula situación de aviones que pasan de la fila 12 a la 14 (por si acaso…) me dice que es algo completamente unido a nosotros.

¿Quién no ha pensado alguna vez en la buena y la mala suerte que ha tenido? (la vida es una tómbola), Ante un hecho concreto (negativo o positivo) tenderemos a buscar una causa que lo provoque (¿no funciona así nuestro cerebro, toda causa tiene un efecto?) Esto aparentemente normal puede llevarnos a ser las personas más supersticiosas del planeta. Por ejemplo: si me despiden del trabajo, el día que estreno zapatos ¿quién es el valiente que va con esos zapatos el primer día de otro trabajo, por si acaso…? Si uno se para no cuesta encontrar ejemplos propios menos llamativos pero supersticiosos.

Personalmente intento elimina cuanto antes cualquier idea de tipo supersticioso, es decir, intentaría ir el primer día de trabajo con esos zapatos :) . Me da la impresión que cuando entra una superstición en tu vida, no hay forma de que desaparezcan. Siempre gana el “por si acaso…”

Me preocupa mucho cuando superstición se mezcla con religión y acaba confundiéndose, porque no tienen nada que ver, se basan en mecanismos completamente diferentes.

Mi experiencia de cristiano la vivo muy ligada al hecho de creer, y para mi creer va unido a confiar, pero creer y confiar de forma liberadora. Los mecanismos que crean supersticiones me parecen todos basados en la desconfianza del “por si acaso…” y una desconfianza que esclaviza.

Hay algo que me gusta repetir, y es que como creyentes, debemos intentar dejar de lado todo aquello que suene a mágico o nos quite libertad. Como he sido creado a imagen y semejanza de Dios, soy libre y ningún hecho mágico-religioso debe romper esta libertad.

Yo hago un esfuerzo para que mi fe no esté basada en la superstición, y para que lo que vivo me ayude a ser un poco más libre cada día. No nos detengamos en la búsqueda del sentido en aquello que hacemos.

Me encanta este chiste:
- ¿Tú eres supersticioso?
- ¡Noooo!, eso trae mala suerte.

Gente maja

Yendo en tranvía desde el trabajo a casa (o al revés, no recuerdo), sin pretenderlo escuché una conversación entre dos chicas que me llamó la atención. Una de ellas le contaba a su compañera uno de los recuerdos que guardaba de su abuelo (que según contaba eran pocos.)

Me llamó la atención por lo que compartían, y porque por su forma de hablar se veía que era gente maja, claramente transmitían mucha confianza. Todo lo contrario, un día repasaba con una amiga las extrañas conversaciones con familiares o conocidos en las que no sabemos qué decir, generalmente ante preguntas cuyas respuestas no quieren escuchar. Yo soy de esas personas que no saben dar respuestas típicas a las preguntas típicas, si me dicen ¿cómo va el trabajo? o lo cuento o me callo, pero no me sale normal una frase de respuesta típica.

Nuestras relaciones cotidianas pueden estar construidas en base a un montón de tópicos o bien cultivar la confianza y naturalidad. Lo escribo porque soy el primero que debo esforzarme, y porque veo la necesidad de hacer un ejercicio continuo para evitar la superficialidad. Con esto no me refiero a mostrar nuestra intimidad a todo el que se cruce con nosotros.

Todos tenemos una esfera personal, por llamar de alguna forma aquello que conforma nuestra intimidad, aquello que nos guardamos. Esta esfera puede ser más permeable para nuestra pareja, personas de confianza, pero también puede ocurrir que todo lo metamos ahí, y que crezca, que la llenemos de sentimientos, experiencias, comentarios… que sería mejor compartir con otros.

Es fundamental cultivar la confianza en nuestras relaciones al nivel adecuado, esta facultad de dejar entrar a otros en lo que nos pasa, en lo que vivimos (y sin renunciar a nuestra intimidad), es lo que puede convertirnos en gente maja que inspira confianza. Una nueva sociedad debe comenzar con unas nuevas relaciones más humanas. Este es mi granito de arena para ello.

Pensando en lo primero que contaba, en medio de muchos recuerdos, porque los he conocido hasta mayor, se me vino a la cabeza un recuerdo de mi abuelo que ha quedado como muy bonito. En nochevieja, cuando era pequeño, yo me quedaba en casa de mis abuelos, mi abuela sí se quedaba a las campanadas, pero mi abuelo no, así que yo me dormía en su cama mientras contábamos en valenciano. (¿Cuánto se parecerá este recuerdo a la realidad?) De mi otro abuelo de los mejores recuerdos es lo que se emocionaba ante los progresos y avances en los estudios de sus nietos.

En resumen, en cualquier entorno vale la pena cultivar y hacer crecer un poco de amor.