Archivo por meses: agosto 2005

Construir una vida de apariencias

¿Por qué lleva la gente relojes que cuestan muchos meses de mi sueldo?… solo se me ocurre que para dejar bien claro que él puede llevarlo.

Una de las frases que más me ha impactado este verano es la que comentó una amiga, de pasada y sin darle importancia. Cuando vivía con sus padres, en verano, iban a Galicia a pasar unas semanas con la familia. Su madre, les pedía que no se compraran en Zara la ropa del verano (¡porque en Galicia todo el mundo sabría lo que les había costado!).

Para el que no lo entienda del todo, Zara, cadena de tiendas de ropa no cara (tampoco lo voy a llamar barato), del grupo Inditex, tiene su origen en Galicia, allí aún se conoce más, se indentifica una prenda que es de Zara y se sabe cuánto cuesta (con ese grado de conocimiento del tema hay gente en todas partes, pero la idea en la cabeza de la madre de mi amiga es que en Galicia más.) En resumen, no te compres la ropa ahí que se sabrá que no te has gastado mucho dinero y no quedará suficientemente claro tu estatus.

Intentar medirnos por el dinero que gastamos es un esfuerzo muy feo; “la sociedad es así” ¿y qué? yo no lo quiero.

La frase de Zara este verano, me llamó la atención por lo fácilmente que expresa la idea de construir una vida preocupados por las apariencias. Una vez cubiertas las necesidades básicas (comer, un lugar para vivir) y además consigues comer… con lujo, vivir… con lujo. ¿Para qué sirve tener más y más dinero? La respuesta es para hacer algo que demuestre claramente que tienes más y más dinero (por ejemplo, el reloj del principio.)

¡Qué triste entrar en este modelo de medirnos por nuestra capacidad de gasto! En mi trabajo nos preguntábamos cuánto nos costaría aprender a gastar lo que el difunto rey Fahd en un día de vacaciones en Marbella.

Una de las dificultades básicas que encuentro en el ser cristiano en mi sociedad es el montaje en torno al gasto y al dinero. Que difícil es encontrar un equilibrio en el uso del dinero ¿renunciar a tenerlo? ¿renunciar a ganarlo? (Mt 6, 24) Lo pensaré más para hablar de ello.

Amigos del verano

Hace unos días me encontré con mis dos amigos del verano… (utilizaré los nombres figurados de Álvaro y Roberto.) Las dos personas con las que pasaba horas y horas en los veranos (e inviernos) en Pedralba, desde muy pequeño hasta los años de universidad; en fin, los años de niño y adolescente.

Este año, que he pasado mucho tiempo en el chalé de mis padres, quizá como hacía seis o siete años, me han venido muchos recuerdos, en general los días era aburridos y de muy pocas cosas “utiles” que hacer (eso visto desde ahora, que vivo con un deseo tremendo de aprovechar cada segundo.) Pero no puedo negar lo mucho que ha influido en mi personalidad todo lo vivido allí, eso incluye, en gran medidad mi relación con Álvaro y Roberto.

Voy a sacar dos recuerdos que tienen que ver con el propósito de este blog y que muy posiblemente no sean de los que ellos guarden.

Uno es una conversación, en un atardecer de los finales de verano, mirando el cielo que estaba espectacular, Álvaro (nombres figurados, ya lo he dicho) comentó: “Viendo esto dan ganas de dar gracias por todo lo que tenemos.”

De Roberto, el recuerdo anecdótico que me surge, es oirle cantar “Preparad el camino al Señor” con voz entre angelical y escéptica, los años en los que nos dió por aprender a tocar la guitarra, bueno a él no, a Álvaro y ami.

Con estos dos recuerdos, insisto en lo que comentaba sobre que todos llevamos dentro esa espiritualidad que podemos desarrollar como una faceta más nuestra, que nos invita a dar gracias a alguien o algo, pero también podemos emplear nuestra inteligencia para acallarlo y hacerlo desaparecer, probablemente porque no es más que un recuerdo de niños: ¿una clase de una asignatura llamada religión…? ¿una canción aprendida en las catequesis para la primera comunión…?

Otro recuerdo de Pedralba, Álvaro y Roberto… cuando era muy pequeño y contando que rezaba por las noches, el hermano mayor de uno de ellos comentaba “ahora sí, pero después ya dejas de hacerlo, ya verás” (¿Cuanto se parecerá a la realidad una conversación mantenida por un niño y recordada veinticinco años después?)

Pues esta frase recordada tras veinticinco años, más o menos, me la dejo para pensar.

Diseñando la Iglesia del futuro

mi hijo Juan diseñando la Iglesia del futuroCreo que hay muchos creyentes con inquietud, que desde el amor a la Iglesia quieren hacer realidad, precisamente eso, la Iglesia con mayúsculas.

Porque cuando sabes que la Iglesia es algo real y concreto, que cuando dos o mas nos reunimos en nombre de Jesús, él está en medio de nosotros (Mt 18,20), hay muchas formas habituales que pierden completamente el sentido. Precisamente, conocer la Iglesia, hace que muchas de las cosas que pasan cada fin se semana en nuestras iglesias resulten desesperantes.

Aunque la Iglesia tiene fama de no cambiar, creo que unos pocos años bastan para cambiarlo todo. Pero es necesario que queramos que cambie y que busquemos a qué debe cambiar, cuando algo real se pone en marcha, creo que resulta imparable. (Hch 5, 38 -39)

Yo ahora que tengo dos hijos pequeños (uno de ellos en la foto, diseñando la Iglesia del futuro) me pregunto ¿qué podemos ofrecer a nuestros hijos? ¿formas que valen como costumbre social y que han perdido su sentido espiritual? ¿sacramentos que ya no valen a casi nadie?

Yo quiero y no me voy a cansar de buscar compañeros de viaje para esos cambios.

Vacaciones, familia y trabajo

Tras un mes completo de vacaciones he regresado al trabajo (y a mi blog, porque no he puesto ni un solo comentario en todo mi mes desconectado)

He pasado un mes muy familiar, con mi mujer y mis dos hijos, y ahora he vuelto al trabajo y a pasar casi todo el día sin ellos.

La realidad es que mi vida profesional es completamente absorbente, imagino que como la de la mayor parte, y durante estos días he estado pensando bastante en cómo evitar esto, ya que no quiero, ni de lejos , hacer de mis tareas profesionales, el centro de mi vida. Ni estoy dispuesto a pagar el alto precio que puede suponernos a todos en mi casa.

A lo que le doy vueltas es a algo más que a la difícil integración de la vida familiar y laboral. Creo que todos necesitamos actividades que nos enriquezcan, nos hagan crecer continuamente, por dentro y por fuera (en cuanto aptitudes) Yo tengo la suerte de tener un trabajo que en cierta medida me permite crecer y evolucionar. Pero, la pregunta sería ¿quiero que el trabajo modele mis aptitudes?

Para tanto esfuerzo veo muy poca relación entre mi trabajo y lo que quiero para mi vida. ¿Son todos los trabajos y dedicaciones correctos en el seno de la comunidad cristiana? “Quien no trabaje que no coma” me diría Pablo, como a los Tesalonicenses (2 Tes. 3:10).

Como voy a pensar mucho durante los próximos meses intentaré avanzar un poco más.