Hace unos días me encontré con mis dos amigos del verano… (utilizaré los nombres figurados de Álvaro y Roberto.) Las dos personas con las que pasaba horas y horas en los veranos (e inviernos) en Pedralba, desde muy pequeño hasta los años de universidad; en fin, los años de niño y adolescente.
Este año, que he pasado mucho tiempo en el chalé de mis padres, quizá como hacía seis o siete años, me han venido muchos recuerdos, en general los días era aburridos y de muy pocas cosas “utiles” que hacer (eso visto desde ahora, que vivo con un deseo tremendo de aprovechar cada segundo.) Pero no puedo negar lo mucho que ha influido en mi personalidad todo lo vivido allí, eso incluye, en gran medidad mi relación con Álvaro y Roberto.
Voy a sacar dos recuerdos que tienen que ver con el propósito de este blog y que muy posiblemente no sean de los que ellos guarden.
Uno es una conversación, en un atardecer de los finales de verano, mirando el cielo que estaba espectacular, Álvaro (nombres figurados, ya lo he dicho) comentó: “Viendo esto dan ganas de dar gracias por todo lo que tenemos.”
De Roberto, el recuerdo anecdótico que me surge, es oirle cantar “Preparad el camino al Señor” con voz entre angelical y escéptica, los años en los que nos dió por aprender a tocar la guitarra, bueno a él no, a Álvaro y ami.
Con estos dos recuerdos, insisto en lo que comentaba sobre que todos llevamos dentro esa espiritualidad que podemos desarrollar como una faceta más nuestra, que nos invita a dar gracias a alguien o algo, pero también podemos emplear nuestra inteligencia para acallarlo y hacerlo desaparecer, probablemente porque no es más que un recuerdo de niños: ¿una clase de una asignatura llamada religión…? ¿una canción aprendida en las catequesis para la primera comunión…?
Otro recuerdo de Pedralba, Álvaro y Roberto… cuando era muy pequeño y contando que rezaba por las noches, el hermano mayor de uno de ellos comentaba “ahora sí, pero después ya dejas de hacerlo, ya verás” (¿Cuanto se parecerá a la realidad una conversación mantenida por un niño y recordada veinticinco años después?)
Pues esta frase recordada tras veinticinco años, más o menos, me la dejo para pensar.