Un bautizo, unas comuniones

El fin de semana pasado estuve en un bautizo. Y hoy, en el parque de abajo de mi casa he visto un montón de niños-marineros y niñas-novias que salían de tomar su primera comunión (espero que no la última).

No veo muy claro en qué hemos convertido la iniciación cristiana. Creo que casi todos coincidiríamos en que ahora tenemos unos buenos ritos sociales (impregnados de hecho religioso) y una tarea inmesa por delante de evangelización e iniciación cristiana.

Yo he sido muchos años catequista de confirmación (cerrando este proceso de iniciación), ahí he encontrado una buena ocasión de presentar el evangelio partiendo casi de cero.

Voy a descatar dos frases del día del bautizo:

“Dejad que los niños se acerquen a mi” Aunque se usa la lectura para justificar el bautizo de niños, me interesa más desde el punto de vista de la necesidad de ser como niños en nuestro deseo de seguir a Jesús.

“Somos Profeta, Sacerdote y Rey” ¡Qué grandeza la del Bautismo! ¡Y cuánto por recorrer para alcanzar esto! Comparada con la proclama, los cristianos estamos muertos ¿Profetas?… cuantas ganas de pasar desapercibidos ¿Sacerdotes?… que bien que estamos delegando las funciones ¿Reyes?… que pocos esfuerzos por alcanzar el Reino.

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