Diseñando la Iglesia del futuro

mi hijo Juan diseñando la Iglesia del futuroCreo que hay muchos creyentes con inquietud, que desde el amor a la Iglesia quieren hacer realidad, precisamente eso, la Iglesia con mayúsculas.

Porque cuando sabes que la Iglesia es algo real y concreto, que cuando dos o mas nos reunimos en nombre de Jesús, él está en medio de nosotros (Mt 18,20), hay muchas formas habituales que pierden completamente el sentido. Precisamente, conocer la Iglesia, hace que muchas de las cosas que pasan cada fin se semana en nuestras iglesias resulten desesperantes.

Aunque la Iglesia tiene fama de no cambiar, creo que unos pocos años bastan para cambiarlo todo. Pero es necesario que queramos que cambie y que busquemos a qué debe cambiar, cuando algo real se pone en marcha, creo que resulta imparable. (Hch 5, 38 -39)

Yo ahora que tengo dos hijos pequeños (uno de ellos en la foto, diseñando la Iglesia del futuro) me pregunto ¿qué podemos ofrecer a nuestros hijos? ¿formas que valen como costumbre social y que han perdido su sentido espiritual? ¿sacramentos que ya no valen a casi nadie?

Yo quiero y no me voy a cansar de buscar compañeros de viaje para esos cambios.

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Vacaciones, familia y trabajo

Tras un mes completo de vacaciones he regresado al trabajo (y a mi blog, porque no he puesto ni un solo comentario en todo mi mes desconectado)

He pasado un mes muy familiar, con mi mujer y mis dos hijos, y ahora he vuelto al trabajo y a pasar casi todo el día sin ellos.

La realidad es que mi vida profesional es completamente absorbente, imagino que como la de la mayor parte, y durante estos días he estado pensando bastante en cómo evitar esto, ya que no quiero, ni de lejos , hacer de mis tareas profesionales, el centro de mi vida. Ni estoy dispuesto a pagar el alto precio que puede suponernos a todos en mi casa.

A lo que le doy vueltas es a algo más que a la difícil integración de la vida familiar y laboral. Creo que todos necesitamos actividades que nos enriquezcan, nos hagan crecer continuamente, por dentro y por fuera (en cuanto aptitudes) Yo tengo la suerte de tener un trabajo que en cierta medida me permite crecer y evolucionar. Pero, la pregunta sería ¿quiero que el trabajo modele mis aptitudes?

Para tanto esfuerzo veo muy poca relación entre mi trabajo y lo que quiero para mi vida. ¿Son todos los trabajos y dedicaciones correctos en el seno de la comunidad cristiana? “Quien no trabaje que no coma” me diría Pablo, como a los Tesalonicenses (2 Tes. 3:10).

Como voy a pensar mucho durante los próximos meses intentaré avanzar un poco más.

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En busca de un tesoro

Todos los que hemos recibido una mínima formación cristiana conocemos las parábolas del tesoro escondido o la perla preciosa.

Para los que no hayan recibido ninguna formación: en los evangelios, la parábola es un breve cuento que busca explicar algún concepto creando una situación con similudes a lo que se quiere describir (en el caso de Jesús, generalmente es el Reino de Dios) Copio el texto de Mateo, capítulo 13 versículo 44: Sucede con el Reino de Dios lo que con un tesoro escondido en un campo: el que lo encuentra lo deja oculto y, lleno de alegría, va, vende todo lo que tiene y compra aquel campo.

Esto me vino a la cabeza cuando en mi grupo Iuvenes, la comunidad de la que formo parte, celebramos una Eucaristía fin de curso, una celebración más o menos normal, más o menos sincera (creo que todo lo que puede llegar a serlo siguiendo el ritual), con participación de la gente, y con un sacerdote cercano. Acudieron mis hermanos (bueno, todos los allí presentes eran mis hermanos, pero me refiero a los otros hijos de mis padres :) ) y uno de ellos acompañado por su novia Marta (nombre figurado). Marta, que resulta que va todos los domingos a misa, estaba realmente emocionada por la Eucaristía que habíamos celebrado, tanto que a los demás casi nos parecía que bromeaba.

Sigue habiendo mucha gente cristiana y no cristiana, buscando un tesoro de este tipo, o al menos sensible a encontrarlo. Tengo continuamente demostraciones de este hecho, pero me resulta tan extraño que cada vez lo olvido… y vuelve a sorprenderme.

Yo sé que disfruto de ese tesoro, también que quiero entregarlo a quien me lo pida (hay para todos, no se agota nunca). No sé si la iglesia en su conjunto se muestra como portadora de ese tesoro, me parece que no. ¿Cómo podemos los cristianos mostrar ese tesoro del que disfrutamos? Primero, parece una tontería, pero disfrutándolo de verdad, con ir a misa a una parroquia no se crea ninguna “comunidad”, por lo tanto se sigue sin encontrar el tesoro. Después, vivir esa alegría, no olvidar donde se encuentra e intentar compartirla a tope.

¿Sabemos en mi grupo el tesoro que tenemos? Muchos sí, aunque también hay jóvenes que forman parte del grupo y no lo conocen, puede que incluso se marchen sin encontrarlo. Pensaré en qué estoy fallando.

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¿Qué piensas si digo que soy cristiano?

Me llamó la atención de una charla a la que acudí lo siguiente: lo que los cristianos decimos o explicamos sobre Jesús, el evangelio, o cualquier testimonio de nuestra fe (por ejemplo, este blog) es percibido por el que escucha de acuerdo a las ideas que ya tenía preconcebidas (y eso en el caso de que escuche.)

Esto significa lo siguiente. ¿qué puede entender alguien de mi entorno cuando digo “soy cristiano” (o “soy católico” que es mi caso)?
- Que tengo unas serie normas morales que marca la Iglesia. Es decir, soy cristiano porque tengo una religión que me da una serie de normas que cumplo o quiero cumplir.
- Que practico una serie de costumbres sociales familiares. Es decir, soy cristiano porque tengo una religión con unas prácticas como ir a misa los domingos, celebrar en iglesia bodas, bautizos y comuniones.
- Que creo en una serie de ideas sobre la vida y la muerte. Es decir, soy cristiano porque tengo una religión que da una serie de respuestas ante los hechos más importantes del ser humano.

Pero tengo que aclarar, que lo anterior, sin ser falso del todo, no tiene nada que ver con mi concepción de ser cristiano. Para mi, ser cristiano, es parte de mi vida, de mi forma de ser, es parte de mi decisión radical de cada día (y no significa que siempre sea consecuente con esa concepción, pero sí que quiero serlo.) ¿Qué tienen que ver esas tres ideas con Jesús? Muy poco, una unión muy débil, cualquiera de ellas no vale nada por si misma.

Yo quiero seguir a Jesús, conocerle (para eso tengo los evangelios), estar más cercano a Dios (para eso tengo la oración), y sé que solo podré hacerlo en comunidad, en Iglesia.

Me preocupa mucho cuando la Iglesia “oficial” en lugar de fomentar su imagen de seguidora de Jesús y constructora del Reino (imagen que existe, os lo aseguro), fomenta la que más le gusta hoy en día, la de guardiana de las normas morales y costumbres sociales.

Un grave error para la evangelización. Desde los orígenes del cristianismo, los que se incorporaban a la Iglesia, lo hacían por un descubrimiento y conversión interior, y posteriormente venía el acoger una serie de normas o ideas. Hoy queremos explicar qué es ser cristiano por el final, y con una versión del final muy cuestionable.

Desgraciadamente nos aferramos a nuestras cuestionables conclusiones sin atrevernos a mirar a un Jesús que seguro nos haría tambalear y que sacudiría nuestras seguridades. Debemos, todos, en la Iglesia, seguir mirando a Jesús, que sea esa nuestra única convicción, y después mostrarnos abiertos a todos los que quieran participar de nuestro tesoro.

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Fe, esperanza y amor

Mientras estuve en la universidad, estaba muy comprometido, dedicando mucho tiempo y esfuerzo a actividades… con el comienzo del trabajo, y la llegada de mis hijos, ha cambiado en parte esa dedicación que comento. Ahora los esfuerzos son familiares (¡y muchos!), no me he rendido aún en nada, y sigo manteniendo mi grado de idealismo al 100%, pero aún así, me he visto obligado a revisar mi compromiso y repensar seriamente cómo debo materializar mi fe y concretar mi deseo de ser cristiano.

He comentado en otra ocasión que me tengo por una persona de fe. Creo en un Dios Padre, que me conoce y me quiere personalmente; que está presente en mi vida. Esta fe, va unida a una esperanza en que todo puede ser mejor, en que el Reino de Dios es posible, y yo además, acepto mi parte de responsabilidad ante estas “posibilidades”.

Pero esta esperanza ante los cambios “a mejor”, la he vivido en muchas ocasiones con “tensión”. Si hay algo que ha caracterizado los últimos años de mi vida es la tensión entre mis deseos, lo que quiero hacer, y la realidad de lo que puedo hacer; por tiempo, posibilidad de dedicación o capacidad. Y eso que sé que no me corresponde a mi conocer el momento en que se hará realidad mi sueño. (Hch 1,7)

Tengo facilidad para hacer planes y convencerme de que las cosas son factibles. Aunque después de tener el plan “factible”, ante la imposibilidad de dedicarle tiempo, viene el chafón. Es cierto que con cada esfuerzo las capacidades se estirán, pero por el momento solo puedo seguir presumiendo de mis debilidades (2 Cor 12, 9)

Creo que los últimos meses, la esperanza tranquila ha ganado a esta tensión inquieta, lo cual me permite obsevar los acontencimientos de forma más serena. Recuerdo en parte con sorpresa, en parte con pena, mi ocasional actitud intransigente cuando me desesperaba ante compañeros míos que en mi opinión no se entregaban lo suficiente… por suerte para todos, esos días parece que ya han pasado.

Quiero que esa tranquilidad, me permita prestar más atención. No quiero olvidar que me debo a todos. Una de las frases que más me ha impactado ultimamente: “Si no soy capaz de amaros como amo a mi mujer y mis hijos, entonces no estoy respondiendo a lo que Dios me pide” Y ahí encuentro la clave, el amor, cómo ser vehículo de un amor que haga reales mi fe y mi esperanza.

En mi vida me encuentro construyendo una realidad junto a otros creyentes, buscando en comunidad, en Iglesia. Una construcción desde la fe, que va lenta pero que no debe dejar la esperanza, ya que es multiplicadora de amor.

Si alguien se anima a descargarla, dejo otra canción de Brotes de Olivo, ¡Envíame!.

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