Vacaciones, familia y trabajo
Tras un mes completo de vacaciones he regresado al trabajo (y a mi blog, porque no he puesto ni un solo comentario en todo mi mes desconectado)
He pasado un mes muy familiar, con mi mujer y mis dos hijos, y ahora he vuelto al trabajo y a pasar casi todo el día sin ellos.
La realidad es que mi vida profesional es completamente absorbente, imagino que como la de la mayor parte, y durante estos días he estado pensando bastante en cómo evitar esto, ya que no quiero, ni de lejos , hacer de mis tareas profesionales, el centro de mi vida. Ni estoy dispuesto a pagar el alto precio que puede suponernos a todos en mi casa.
A lo que le doy vueltas es a algo más que a la difícil integración de la vida familiar y laboral. Creo que todos necesitamos actividades que nos enriquezcan, nos hagan crecer continuamente, por dentro y por fuera (en cuanto aptitudes) Yo tengo la suerte de tener un trabajo que en cierta medida me permite crecer y evolucionar. Pero, la pregunta sería ¿quiero que el trabajo modele mis aptitudes?
Para tanto esfuerzo veo muy poca relación entre mi trabajo y lo que quiero para mi vida. ¿Son todos los trabajos y dedicaciones correctos en el seno de la comunidad cristiana? “Quien no trabaje que no coma” me diría Pablo, como a los Tesalonicenses (2 Tes. 3:10).
Como voy a pensar mucho durante los próximos meses intentaré avanzar un poco más.

Mi primer contacto directo con ellos fue en 1995, en la Ruta Gent Jove, en una de las mesas redondas (”Testigos desde la comunidad”), entre los que hablaban escuché a un señor que me dejó impresionado, oyéndole no podía dejar de pensar “¡eso es!”, y luego tuve ocasión de decir algo y solo puede medio comentar algo parecido a “¡eso es!” Y en aquel entonces, aunque ya conocía muchas de sus canciones, no tenía ni idea de quien era Vicente Morales. La foto es de aquel día, con varios de sus hijos tras la vigilia de la luz de esa noche del 1 de abril de 1995.