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Familia Iglesia doméstica

Sigo con mis reflexiones genéricas. Creo que en mis replanteamientos debo hacer un esfuerzo especial en la parte familiar. Siempre me ha perecido graciosa la expresión de “iglesia doméstica” (pensado en la fiera con el lazo) pero me gusta la idea de que la familia materialice en casa la Iglesia con mayúsculas.

Siempre he pensado que para ser Iglesia había que ser familia y que los grupos deben conseguir que realmente seamos hermanos.

Mi anterior comentario daba el pego, un poco, como compromiso ante el año nuevo. Bueno, pues este también. Necesito concretar en mi vida esa realidad de iglesia doméstica.

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Hablar sobre la eucaristía

En general a los católicos nos cuesta mucho poner en duda nuestra práctica religiosa. Una reflexión siempre comienza con una pregunta, y a pesar de que Pablo pedía que diéramos razón de aquello en lo que creemos (y por extensión de lo que hacemos) muchas veces nos cuesta dar ese paso de preguntarnos.

Quizás es que asimilamos, sin razón, preguntas y reflexión con crítica, o quizás es que nos asusta hacernos una pregunta para descubrir que no tenemos respuesta. Tengo como ejemplo el tema que motiva este artículo.

Hablar de la Eucaristía (misa) es un tema tabú y muy delicado cuando nos salimos de recitar la explicación estándar. Hablando en un curso, por ejemplo, puedo construir una parrafada que incluya varias palabras: misterio, redención, sacrificio, … como máximo puedo conseguir caras de aburrimiento. Por el contrario, puedo conseguir despertar una gran “defensividad” si en mi parrafada digo que envolvemos la palabra de Dios, la acción de gracias y la fracción del pan, de gestos, oraciones y explicaciones que han perdido el sentido para la mayor parte de los creyentes y para la totalidad de los no creyentes.

Esta es una de mis preocupaciones y reflexiones personales que he mantenido los últimos meses. Existe una barrera infranqueable en unas formas que han perdido su sentido y que a muchos no permiten participar del sacramento. Si de verdad nos creemos la importancia de la eucaristía, ¿por qué no nos fijamos en lo poco accesible qué es?, no debemos convertir en centro su lenguaje y formas, su rito, porque no es lo más importante.

¿Es delicado decir que hay que hacer cosas con sentido? de eso se trata con los signos, de que tengan sentido, también en el campo de la fe. Se puede adaptar muy poco el sentir interno a las formas externas, por mucha formación que se de.

En una serie de televisión en que uno de los protagonistas acudía a confesarse y le indicaban que la penitencia eran dos padresnuestros, el perdonado preguntaba si convalidaba el antiguo, porque era el único que se sabía. Y es curioso, porque me recordó que efectivamente hace unos quince años, en España cambió el texto del Padre Nuestro. Si en la Iglesia pudimos cambiar el texto del Padre Nuestro (¿se os ocurre algo más esencial?) ¡cómo no vamos a poder cambiar las formas de lo que celebramos!. Y solo hablo de formas, no me estoy refiriendo a significados.

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La unión de los cristianos

Estoy haciendo limpieza en mi despachito de casa, y he encontrado unas hojas arrancadas de una revista que guardaba para el día que le encontrara utilidad. Es un artículo que se llama “Cristianos: El árbol del Nazareno

He de reconocer que una de las ideas que más me llaman la atención es el “mito” de la unidad de los cristianos. Se me ha ocurrido emplear la palabra mito, de forma simpática, con humor… Me resulta curioso porque todos los cristianos creo que reconocemos el concepto de la unidad como una de las “ideas fuerza” de nuestro credo, como algo que explica la esencia de lo que buscamos… pero como algo difícilmente alcanzable.

Encontramos las palabras de Jesús “que todos [los creyentes] sean uno, como tú Padre, estás en mi y yo en ti” (Jn 17, 21), las palabras de Pablo en sus cartas “todos […] nos hemos bautizado en un solo Espíritu para formar un solo cuerpo” (1 Co 12, 13), y el libro de los inicios de la comunidad “la multitud de los creyentes tenía un alma y un corazón” (Hch 4, 32)

La Palabra de Dios, el Evangelio, habla de la necesidad de la unidad, la construcción del Reino de Dios habla de la necesidad de la unidad, entonces ¿qué pasa?

Por un lado una lectura atenta de la Biblia (Hechos de los Apóstoles y algunas cartas de Pablo) nos muestra las divisiones de la comunidad cristiana desde los mismos orígenes. También la historia de la Iglesia está llena de estas divisiones. No hay que remontarse al pasado, quién ha intentado desarrollar cualquier proyecto en una parroquia durante algunos años es fácil que conozca la irresistible fuerza interna que experimentamos los cristianos para romper la unidad.

Por otro lado, y por suerte, hoy en día creo que ya sabemos valorar algo que no es la desunión, sino la diversidad. Quizá erremos en el significado de la palabra “unidad”. ¿Qué es la unidad?

Es cierto que hay gran variedad de “iglesias” cristianas, aún compartiendo credo, sacramentos… pero cómo no va a haberlas si yo a veces me siento de otro planeta rodeado de otros católicos romanos como yo… El camino de crecer y buscar cómo ser cristiano creo que lleva esta parte de diferenciación incluida, por lo que veo que lo importante sería descubrir el significado de la unidad que intentamos re-construir.

Por cierto, quiero destacar la reflexión y el trabajo de Todos Uno en torno a la unidad.

Pongo un pequeño resumen del artículo.

Datos:

  • Más de 330 confesiones cristianas (en tres grandes ramas) participan en el diálogo ecuménico para restaurar la unidad
  • Cerca de 2.000 millones de cristianos, casi un tercio de la humanidad. (Estadísticas del año 2000, que me parecen algo abultadas)

Los grandes grupos cristianos:

  • Católicos: existen distintos ritos, pero el más común es el Latino
  • Iglesias Orientales: existen un gran número, la principal el grupo de las Ortodoxas
  • Iglesias Protestantes: Luteranos, Calvinistas (o Presbiterianos o Baptistas), Anglicanos, Metodistas (surgidas de la Iglesia anglicana, una de las primeras iglesias “evangélicas”), Pentecostales (iglesias evangélicas surgidas a raíz del movimiento metodista), Baptistas

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Diseñando la Iglesia del futuro

mi hijo Juan diseñando la Iglesia del futuroCreo que hay muchos creyentes con inquietud, que desde el amor a la Iglesia quieren hacer realidad, precisamente eso, la Iglesia con mayúsculas.

Porque cuando sabes que la Iglesia es algo real y concreto, que cuando dos o mas nos reunimos en nombre de Jesús, él está en medio de nosotros (Mt 18,20), hay muchas formas habituales que pierden completamente el sentido. Precisamente, conocer la Iglesia, hace que muchas de las cosas que pasan cada fin se semana en nuestras iglesias resulten desesperantes.

Aunque la Iglesia tiene fama de no cambiar, creo que unos pocos años bastan para cambiarlo todo. Pero es necesario que queramos que cambie y que busquemos a qué debe cambiar, cuando algo real se pone en marcha, creo que resulta imparable. (Hch 5, 38 -39)

Yo ahora que tengo dos hijos pequeños (uno de ellos en la foto, diseñando la Iglesia del futuro) me pregunto ¿qué podemos ofrecer a nuestros hijos? ¿formas que valen como costumbre social y que han perdido su sentido espiritual? ¿sacramentos que ya no valen a casi nadie?

Yo quiero y no me voy a cansar de buscar compañeros de viaje para esos cambios.

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En busca de un tesoro

Todos los que hemos recibido una mínima formación cristiana conocemos las parábolas del tesoro escondido o la perla preciosa.

Para los que no hayan recibido ninguna formación: en los evangelios, la parábola es un breve cuento que busca explicar algún concepto creando una situación con similudes a lo que se quiere describir (en el caso de Jesús, generalmente es el Reino de Dios) Copio el texto de Mateo, capítulo 13 versículo 44: Sucede con el Reino de Dios lo que con un tesoro escondido en un campo: el que lo encuentra lo deja oculto y, lleno de alegría, va, vende todo lo que tiene y compra aquel campo.

Esto me vino a la cabeza cuando en mi grupo Iuvenes, la comunidad de la que formo parte, celebramos una Eucaristía fin de curso, una celebración más o menos normal, más o menos sincera (creo que todo lo que puede llegar a serlo siguiendo el ritual), con participación de la gente, y con un sacerdote cercano. Acudieron mis hermanos (bueno, todos los allí presentes eran mis hermanos, pero me refiero a los otros hijos de mis padres :) ) y uno de ellos acompañado por su novia Marta (nombre figurado). Marta, que resulta que va todos los domingos a misa, estaba realmente emocionada por la Eucaristía que habíamos celebrado, tanto que a los demás casi nos parecía que bromeaba.

Sigue habiendo mucha gente cristiana y no cristiana, buscando un tesoro de este tipo, o al menos sensible a encontrarlo. Tengo continuamente demostraciones de este hecho, pero me resulta tan extraño que cada vez lo olvido… y vuelve a sorprenderme.

Yo sé que disfruto de ese tesoro, también que quiero entregarlo a quien me lo pida (hay para todos, no se agota nunca). No sé si la iglesia en su conjunto se muestra como portadora de ese tesoro, me parece que no. ¿Cómo podemos los cristianos mostrar ese tesoro del que disfrutamos? Primero, parece una tontería, pero disfrutándolo de verdad, con ir a misa a una parroquia no se crea ninguna “comunidad”, por lo tanto se sigue sin encontrar el tesoro. Después, vivir esa alegría, no olvidar donde se encuentra e intentar compartirla a tope.

¿Sabemos en mi grupo el tesoro que tenemos? Muchos sí, aunque también hay jóvenes que forman parte del grupo y no lo conocen, puede que incluso se marchen sin encontrarlo. Pensaré en qué estoy fallando.

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