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La guerra en la Iglesia. ¿No a la guerra?

En la Iglesia no es difícil encontrar grupos de cristianos que son críticos con la Iglesia, con sus formas, con su falta de adaptación a la realidad del Pueblo de Dios… críticos con muchas, o incluso todas las cosas. También es fácil encontrar cristianos acérrimos defensores de cualquier aspecto relacionado con la Iglesia oficial, con y frente a cualquier argumento, defensores si hace falta, hasta la irracionalidad. Entre ambos, con seguridad, cientos de grados intermedios…

Hablando con un amigo, me explicaba con sorpresa como una amiga común polaca que ha estado de visita una semana, no encuentra ningún “problema”, o más bien “contradicción”, en la práctica habitual de la Iglesia. Nosotros que la conocemos sabemos que no es persona de hacer las cosas porque sí.

Yo elaboré una curiosa teoría, una vez entras en una dinámica donde lo normal es poner en duda, o criticar, (lo que nos ha pasado a nosotros) puede llegar un momento que todo se critica y nada parece valer. Ahora en nuestra sociedad es normal pensar de forma crítica sobre la práctica religiosa, la “vida” tradicional de la parroquia, y las acciones de la jerarquía… porque vemos claramente una situación de crisis. Una persona, con las mismas bases, es posible que no se llegue a ese estilo crítico cuando vive en una realidad de iglesia (polaca) que se encuentra aún lejos de manifetars en crisis. En resumen, tanto aceptando, como criticando, podemos estar actuando de forma poco reflexiva.

¿Cuántas de las críticas o defensas no son más que dejarse llevar? Yo creo en la Iglesia y por creer en ella, encuentro muchos fallos en nuestras formas y estructuras actuales. También es cierto que me duele la poca reflexión, del que acepta tragar con lo que sea o del que plantea críticas “de moda” o carentes de propuesta.

Lo pensaba con respecto a dos lecturas. La primera: “No he venido a traer paz, sino la guerra (espada en Mt 10,34 )” Esta frase, (tremendamente sospechosa :) ) es del mismo Jesús, para mi incita claramente a no tragar con todo: en la sociedad que nos rodea y por lo tanto en la iglesia que nos rodea… vaya problemas que me ha traido a mi esta dichosa “guerra” con lo fácil que hubiera sido quedarse calladito y en “paz”. Sin embrago en una línea más “comprensiva” podría leer en palabras del mismo Jesús “¡Al que escandalice a uno de estos pequeños que creen en mí…!” (Mt 18, 6)

En San Pablo también encuentro este contraste, por ejemplo “que vuestra libertad no sea ocasión de caida para los menos formados” (1 Cor 8, 9) en muchas otras citas llama a la comprensión ante problemas internos en la comunidad. Aún con esto, no es precisamente Pablo el ejemplo de ceder en sus argumentos, o no recriminar posturas que veía incorrectas.

Quizá sea un pensamiento demasiado inocente, pero ¿no poco más que niños (malcriados) aquellos que creen ejercer el poder dentro de la Iglesia?

Ser como niños

Uno de los temas por los que siento más curiosidad es el del bautismo infantil. La tradición católica de la Iglesia nos ha llevado a bautizar niños como la práctica habitual hoy en día, no ocurre así en las comunidades protestantes y evangélicas (según creo).

Sinceramente, me cuesta pensar en una criatura recién nacida condenada a algún tipo de fuego eterno porque muera sin bautizar, y ahora que definitivamente se ha eliminado la idea del limbo no sé cómo puede sustentarse esa razón para bautizar niños. (”Limbo”… graciosa palabra… no me acuerdo ¿era algún tipo de baile caribeño?)

Además, pertenezco a algún tipo de minoría cristiana que piensa que las personas nacemos bondadosa, buenas, buenísimas…

Vamos… que bautizamos niños como costumbre, que nos encanta quitar el sentido a los actos religiosos. ¿Pero no es el bautismo un morir a la vida anterior para nacer a la vida nueva? (Rm 6, 4) ¿Dónde dejamos el acto de libertad y elección necesarios para ser humanos?

“Dejad que los niños se acercen a mi” ni tiene ni deja de tener relación con el bautismo, habla de otra cosa,
ya comenté algo al respecto, de esta cita, y hay otra que me gusta más “si no os hacéis como niños, no entraréis en el reino de los cielos” (Mt 18, 3)

Hay algo en el “ser como niños” que parece clave para la construcción del Reino de Dios, ¿tendrá que ver con el ser pequeño? ¿con la capacidad de confiar? (el que ha tenido hijos sabe lo que es que tu hijo confíe en ti) ¿será la capacidad de sorprenderse? ¿será esa imaginación desbordante, esa capacidad de relacionar ideas disparatadas? Creo que todo esto tiene mucho que ver en la construcción del reino.

Ser como niños